
Crear la perfecta unión entre lo masculino y lo femenino en un solo ser. Éste era uno de los sueños que Leonardo da Vinci tenía en vida. La Gioconda es la obra cumbre de Leonardo y no es nuevo llamarla el retrato más famoso del mundo. Su sonrisa formó e inspiró a miles de artistas a través de la historia inmortalizando a su creador como maestro de su arte. Pero con una pregunta podemos desarmar toda certeza que creíamos tener sobre esta obra y esa pregunta es, ¿dónde está ahora la Mona Lisa? La respuesta puede ser obvia: colgada en el Louvre en París. Pero ¿y si no fuera cierto?
El cuadro fue creado entre 1503 y 1506 en Florencia. El comerciante florentino Francesco del Giocondo encargó el retrato de su tercera esposa, Lisa Gherardini, veinte años menor que él. Se habían casado unos años antes. Para Leonardo no fue un encargo más. Emprender el retrato de la Mona Lisa fue para él una fascinante experiencia, sólo igualada por su deseo de volar. Un viejo deseo que por esos años se volvió una obsesión. Poco a poco, su sueño de voalr y este retrato tan importante serían el centro de su vida. Dos proyectos que se convertirían en sus grandes metas. Por un lado: ver el mundo desde arriba y descubrir los secretos de las aves. Por el otro: pintar un retrato conteniendo símbolos que encerraran la esencia misma del ser humano. Símbolos que trascendieron el tiempo y sus limitaciones.
Leonardo conoció a Mona Lisa en 1503, el mismo año en que estaba inmerso en crear su máquina para volar. Su obsesión por volar lo atormentaba. Cada vez que observaba el aleteo de las aves, más y más crecían sus ansias de volar e imitarlas, ver el mundo desde arriba era la obsesión que desde chico tenía. Dividía su tiempo entre sus máquinas para volar y las sesiones de Lisa. Por entonces, ella tenía apenas 24 años y Leonardo, más de 50. Para trabajar con ella, Leonardo interrumpía gustoso sus cálculos sobre el viento y la densidad del aire. Ambos tuvieron afinidad instantánea. Cuenta la leyenda que cuando el artista pintó a la joven, ella acababa de perder un hijo y tenía una profunda tristeza. Una inasible y lejana tristeza del alma que el artista intentó capturar y expresar en la tela. Fue una de las pocas veces en que no interrumpió un proyecto para comenzar otro. Los biógrafos de Leonardo no han podido precisar por qué el artista se obsesionó tanto con Lisa. Pero se especula con que la relación entre ambos cambió el día que ella le dijo que tenía 24 años. Como por obra de una misteriosa alquimia, Lisa se convirtió en la reencarnación de Albiera, la madre adoptiva de Leonardo con quien tan feliz había sido en Vinci. Albiera había fallecido a los 24 años, la edad de Lisa en ese momento. Quizás cada vez que Leonardo miraba a Lisa, veía a su madre. Lo cierto es que, por algún motivo, el artista nunca pudo separarse de aquel misterioso lienzo y lo llevaría consigo hasta el final de sus días.
Aquí surge otra cuestión, el comienzo de un complicado laberinto de preguntas. Si era un retrato por encargo, ¿por qué Leonardo nunca lo entregó a su propietario? ¿Por qué lo conservó hasta el final de sus días? Hay docenas de teorías, ninguna completamente satisfactoria. Embelesados por la belleza de la obra, pintores y biógrafos de la época de Leonardo produjeron copias, notas y bocetos. Entre los comentarios más trascendentes, figuran los de Giorgio Vasari, biógrafo contemporáneo de da Vinci y de otros pintores del Renacimiento. Tres décadas después de la muerte de Leonardo, Vasari fue el primero en llamar al cuadro "Mona Lisa" por "Señora Lisa". El famoso biógrafo relata que, cuando da Vinci abandonó Florencia, no llevó el retrato inconcluso al castillo de Cloux en Francia, donde terminó sus días. Pero Antonio de Beatis, quien visitó a Leonardo en Cloux en 1517 cita claramente en su diario de viaje, que el artista tuvo 3 obras consigo en sus días finales: Juan el Bautista, Santa Ana y el retrato de una misteriosa "dama florentina". También está documentado que Leonardo vendió el retrato que de Beatis menciona en su diario por 4000 coronas. La pintura fue vendida al protector de Leonardo, Francisco I, rey de Francia. Ese es el cuadro que hoy cuelga en el Louvre.
Dos relatos claramente contradictorios, una controversia que nadie logró aclarar. ¿Leonardo llevó a la Mona Lisa consigo a Francia, o la dejó inconclusa en Florencia? Quizás ocurrieron ambas cosas. Y aquí es donde un enigma se convierte en dos. ¿Podrían existir 2 obras con el mismo nombre? ¿Una perdida, otra en el Louvre? ¿Cuál de las dos es la verdadera Mona Lisa? La descripción de la Mona Lisa en la biografía de Vasari contiene rasgos específicos que no coinciden con el cuadro del Louvre. Pero un detalle se convierte en una clara evidencia. Las cejas de Mona Lisa. La biografía elogia la forma natural en que las cejas de Mona Lisa nacen de su piel, en perfecta armonía con cada poro. El mismo relato menciona una fuerte mirada, atenuada por sus pestañas, es decir, sus cejas y sus pestañas son cruciales para el realismo del retrato. ¿Dónde están las cejas en la famosa versión del Louvre? El cuadro del Louvre no tiene cejas ni pestañas. Para explicar esto, algunos críticos intentaron argumentar que se borraron debido a la mala conservación a través de los siglos. Es cierto que aplicaron varias capas de barniz al cuadro para protegerlo, y que está algo descolorido. También es cierto que en 1956 le arrojaron ácido, pero sólo su mitad inferior resultó dañada. Pero también es cierto que los estudios radiológicos realizados por el Louvre determinaron que el cuadro en cuestión fue conservado extremadamente bien y que nunca tuvo cejas ni pestañas. La evidencia se vuelve concluyente. Dos obras con el mismo nombre y muy diferentes destinos. Por un lado, un retrato fiel de la joven Mona Lisa, también conocida como Gioconda, esposa de Giocondo. Este retrato inconcluso de una dama con cejas y pestañas, quedó en Florencia. Por otro lado, un segundo cuadro: la famosa obra de alguien si vello facial, considerada una de las grandes obras de arte de la historia. La que Leonardo prefirió y contempló en sus últimos días. Dos obras: una inconclusa y destinada al olvido, y la otra, concluida y colgada en el Louvre. Existe un llamativo bosquejo del gran pintor Rafael de Sanzio que comprueba la teoría de los dos retratos. Rafael visitó el estudio de Leonardo en Florencia cuando pintaba la Mona Lisa. Asombrado por la obra, realizó un boceto idéntico. Existen dos diferencias entre este dibujo, también conservado en el Louvre y el famoso retrato de Leonardo. Primero, las dos columnas que se yerguen a los lados de la figura. La ausencia de estas columnas en la obra de Leonardo se explicaría por el hecho de que el cuadro, presumiblemente, fue recortado en siglos posteriores, hasta llegar a la medida actual de 53 x 77 cm. Pero la segunda diferencia es más notoria: la mujer del boceto de Rafael tiene cejas bien definidas. La Mona Lisa que Leonardo pintó entre 1503 y 1506 no corresponde exactamente con la obra llamada "Mona Lisa" o "Gioconda", actualmente colgada en el Louvre.
Gioconda en italiano significa "mujer alegre", frase aplicable a una mujer sonriente como la del famoso cuadro. Pero el mismo término puede ser usado informalmente para referirse a la esposa de alguien de apellido Giocondo, como era el caso de Mona Lisa. Estos 2 posibles significados pueden ayudar a explicar las inconsistencias en los registros históricos de Vasari y De Beatis. Vasari se refería al cuadro de la esposa de Giocondo, a quien llamó Mona Lisa, cuadro que quedó en Florencia. De Beatis hablaba del cuadro de otra mujer sonriente que Leonardo llevó a Francia y hoy se exhibe en el Louvre. En realidad los frenceses no llaman al cuadro "Mona Lisa", sino La Joconde, o la Gioconda. Esto nos lleva a una pregunta inevitable, ¿quién está retratada en la obra de arte más famosa del mundo? La respuesta llega a los más profundos cimientos espirituales de Occidente, y porta una trascendente y misteriosa verdad, que nos lleva de cuenta nueva a Leonardo, el rebelde, quien habla desde el silencio para socavar nuestras creencias aceptadas y confrontarnos con grandes verdades. Conozcamos a la persona oculta detrás del nombre Mona Lisa. Si el paradero de la pintura original inspirada por Lisa y descrita tantas veces por los contemporáneos de Leonardo es desconocido, ¿quién está en el famoso retrato colgado en el Louvre? ¿Por qué su identidad se mantuvo en secreto tantos años? Estas preguntas emergen desde el fondo de la especulación y se elevan para ayudarnos a descifrar este increíble cuadro que nos mira impasiblemente desde la pared del museo. ¿Cuántos secretos de Leonardo desvelará? Leonardo nunca había estado tan atareado como cuando pintaba esta obra. En ese período diseñaba un canal para el río Arno y pintaba bocetos sobre la batalla de Anghieri. Como artista era reconocido en toda Europa y le encargaban una variedad de obras, pero su mente sentía fiebre por una idea que elaboraba desde hacía varios años. Tomaba apuntes diarios sobre la dinámica de las aves y la mecánica de sus alas en relación con el viento. Su siguiente objetivo se relacionaba con otro arte: el arte del vuelo. Esta vez, sus incansables mediciones apuntaban a emular la naturaleza de las aves. Guiado por su obsesión, Leonardo ideó miles de bocetos colmados de palancas, poleas y fórmulas. La máquina para volar se había convertido en su gran meta. El año 1503 está anotado en sus diarios y en un margen hay una frase, o quizás un consejo, o un deseo, o mejor aún: una premonición:
"No lo demores más, si tu ave puede volar, debe hacerlo ahora. Este año, como otros, pasará en breve".
Los años pasaban, Leonardo sentía que su vida se escurría entre proyectos e ideas que aún debía completar. El tiempo transcurría y aún no sabía si su máquina de volar funcionaría. Algo era seguro: debía darse prisa. Por primera vez en su vida deseaba más que nada terminar su obra y materializar sus ideas. Cada noche, luego de cubrir el retrato con una funda, Leonardo estudiaba la prueba final, aquella que le permitiría navegar por el cielo. Volar no significaba para él una hazaña ni la resolución de un rompecabezas. Era mucho más que eso. Cuando escribía sobre "el vuelo del gran pájaro", sus palabras se volvían profundas, religiosas, semejante a lo sagrado. Imitar el vuelo de las aves se había vuelto su pasión, porque eran los únicos seres que vivían entre dos dimensiones. Una puerta que Leonardo había buscado buscado durante toda su vida. Pero su espíritu le pedía más.
Captar los sentimientos internos de la mujer frente a él se convirtió en un cautivante experimento. Un retrato revela el alma del individuo y Leonardo soñaba con reflejar el alma de Mona Lisa. Y así, día tras día, dividía sus horas entre estas dos obsesiones. Obsesiones que dieron significado a su vida y un ardiente deseo de hacerlas realidad. Al atardecer, Lisa posaba para el retrato. Se dice que Leonardo y Gioconda se tenían verdadero afecto. Leonardo le contaba historia y Mona reía con él. La rodeaba de poesía, canciones y conversaciones extrañas. En tanto, su mente luchaba por capturar las armonías expresadas en ese rostro. Observaba su rostro, los músculos alrededor de la boca. Frente a las contradicciones del retrato en el Louvre, debemos aceptar que esa persona no es la esposa de Giocondo, sino otra persona. Los investigadores que respaldaron la idea de las dos versiones, sostienen con firmeza que ambas obras fueron pintadas por la inigualable mano de Leonardo. Aunque se vean parecidas, las dos pinturas son diferentes, fundamentalmente distintas. Retratan a diferentes pinturas. Una inspirada en la otra. Entonces, si la Mona Lisa no es quien se supone que es, y si no hay fuente confliable que confirme su identidad, ¿a quién pintó Leonardo en su obra más famosa? Las vicisitudes de este retrato durante su historia se adecuan más a una novela de detectives que a una obra de arte. Quizás más información sobre el cuadro nos lleva a la dirección correcta.
Al observar la obra que se encuentra en el Louvre, las manos regordetas de Mona Lisa, su ademán y la actitud de reposo, han llevado a afirmar que estaba encinta. Sus senos redondos, su porte, y la posición de la espalda sustentan esa idea. ¿Mona Lisa estaba encinta o acababa de perder un bebé? Quienes niegan la posibilidad de que existan dos versiones del cuadro, no logran explicar las más simples contradicciones. La boca más famosa del mundo parece hacer preguntas -por ejemplo- ¿por qué viste tan humildemente? Los retratos que se pintaban en el Renacimiento eran los de figuras con poder o dinero para pagarlos. De hecho, los demás retratos hechos por da Vinci representan a mujeres nobles o cortesanas. El retrato era un documento que registraba el status del noble y hasta su poder. Por lo tanto, el modelo posaba con la ropa más costosa, más fastuosa y llamativa. El difícil imaginar que Giocondo, un prometeder comerciante burgués, permitiera que su esposa fuese eternizada como una mujer pobre. Y aún lo sublime del rostro de Gioconda, su mirada, la famosa sonrisa, la serenidad de las manos, contrastan con la ropa que viste. ¿No es una evidencia que salta a la vista? Y si no es su retrato, la respuesta es audaz y clara. El retrato más famoso del mundo no es un retrato. ¿O es el retrato de Leonardo da Vinci, un autorretrato? Varias investigaciones determinaron el asombroso parecido de los rasgos más significativos de Gioconda y los de autorretrato de Leonardo. Minuciosos estudios de las líneas de la cara, de la expresión y los rasgos, fueron realizados comparando cada pincelada, cada línea, cada arruga, los ángulos oscuros, el brillo de los ojos de las dos obras, y hallaron vínculos entre ellas. Es común afirmar que los artistas hablan de sí mismos y de sus inquietudes. Hallan su inspiración en los hilos que conectan su obra con su sensibilidad y la búsqueda de su propio ser. Por lo tanto, el retrato más importante de la historia, la imagen más famosa del mundo, es un autorretrato de Leonardo da Vinci. Otra justificación posible explicando el por qué de la ropa humilde y el hecho de que el retrato se parezca tanto a Leonardo, sería de que representa a su madre biológica Caterina. La tercera teoría, compatible con las otras dos, es la del hermafrodita. Según esta teoría, en la Gioconda, Leonardo no sólo combinó la imagen de su madre con la suya, sino que llegó a ser una síntesis perfecta de lo masculino y lo femenino. El resultado de la búsqueda de la perfección andrógina planteada por todos los escritos de la época. La representación de la importancia de la mujer en la vida del hombre, y que databa de los ritos más antiguos, los gnósticos, la fertilidad, la Madre Tierra. Creencias que, gracias a indicios en otras obras, podemos atribuir a Leonardo. Una posición peligrosa de defender. Era lógico intentar ocultarla, taparla con miles de versiones, rumores e información contradictoria. Esta teoría nos lleva a muchas preguntas y mensajes ocultos.
En esta obra, como en las demás, Leonardo esconde símbolos. Pero en ninguna llega tan lejos. La exaltación sagrada de la unión sexual, la superioridad divina del tercer sexo. A pesar de su espiritualidad, se decía que Leonardo tenía hábitos poco cristianos. A menudo se refería a Jesús como "un hombre que murió en Oriente" y se reía del culto a la Virgen. El único orden que consideraba divino era el orden natural y respetaba las leyes que imitaran la naturaleza. Estos pensamientos y creencias lo convertían en pecador ante los ojos de la iglesia. Aún más, sus excentricidades le daban un toque demoníaco, desenterraba sepulcros, escribía en su diario hacia atrás y buscaba un elixir para engañar a dios y retrasar la muerte. Si Leonardo era en verdad Gran maestre del Priorato de Sión, una sociedad secreta con orígenes cercanos a los caballeros templarios y cuya misión era proteger el supuesto linaje de Jesús y Ma. Magdalena, y por ende reafirmar el papel central de la mujer en la iglesia que tanto las oprimía en la época, debe haber tenido muchas razones para expresar secretos, mensajes codificados, contraseñas que no pudieran ser descubiertos con facilidad, a menos que se sea un iniciado. Esto ha llevado a pensar que Leonardo utilizó los mismos métodos de codificación en su retrato. Muchos dicen que el nombre Mona Lisa encierra también un mensaje herético codificado en un anagrama, ya que es posible formar dos extrañas combinaciones: la primera teoría dice que Mona Lisa es un anagrama de Amón y L'isi, antigua forma de escribir Isis, los dioses egipcios de lo masculino y lo femenino. Así, el nombre de la obra, indicaría la posición pro andrógina de Leonardo. La otra teoría es que Mona Lisa es un anagrama basado en las palabras Sol y Alma en latín, que son los componentes básicos de la transmutación primaria de la alquimia del sol (oro) y el alma (plata) en mercurio (sol anima), nuevamente uniendo lo masculino y lo femenino. Ambas teorías tienen dos defectos insalvables. Primero, Leonardo no llamó al cuadro "Mona Lisa" en vida; segundo, la ortografía correcta en italiano es "Monna Lisa", con dos "n", lo que destruye completamente cualquier anagrama que utilice sólo una "n".
Quizás este retrato andrógino conocido como "Mona Lisa" sea tan trascendente porque une muchas preocupaciones y obsesiones de su creador. Tal vez la teoría de que Leoanrdo pertenecía a sociedades secretas que defendían la divinidad de las mujeres, sea cierta. "Del movimiento de las olas del mar o de las aves en vuelo, extraigo el movimiento de una sonrisa". El efecto es un cuadro cuya manifiesta placidez genera una tensión insuitada. Leonardo sabía cómo se comportarían dos cauces de agua al encontrarse. En el cuadro de la mujer sonriente, encontramos un rostro que capta el preciso momento en que confuyen dos emociones. Tiempo y espacio. Tristeza y alegría.
¿Qué pudo suceder entonces con el retrato de Lisa? Fue dejado, perdido en algún lugar de Europa.
Luis Mirkovich
Taken by: The da Vinci Files. Investigación de Infinito.